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Flaco favor hacen algunas políticas... de Francia o de aquí

Flaco favor hacen algunas políticas... de Francia o de aquí

 Un útero, dos úteros, qué más da

Vamos para atrás. El hecho de pasar casi todo el día en el Polígono de Levante, rodeada de docenas de excavadoras que pitan con estrépito cuando reculan, me dota de una extrema sensibilidad a la hora de reconocer las señales. No estamos avanzando precisamente. En la muy civilizada Francia, una ministra ha renunciado a la baja de maternidad por pánico a que la ausencia le cueste el cargo en una, al parecer, inminente remodelación de gobierno del hiperactivo Nicolás Sarkozy. La titular de Justicia, Rachida Dati, se ha incorporado a su puesto a los cinco días de dar a luz por cesárea. O sea, que se ha recuperado del parto a la velocidad del padre de la criatura, aunque ignoramos si habrá repartido puros entre sus compañeros para celebrarlo. Esta decisión de la reciente madre ha escandalizado a sus conciudadanos porque revela la presión inmisericorde a que se ha visto sometida, y porque su comportamiento pone en entredicho la propia figura del permiso por maternidad que ¿es o no necesario en su actual extensión?

Entre su derecho y su deber, Dati ha optado por lo segundo. Solo que el deber de una ministra de Justicia tendría que ser precisamente velar por el respeto escrupuloso de los derechos, laborales y de todo tipo, suyos y de todas las personas. En efecto, ella se nos antoja un ejemplo puesto en lo alto, como lo fue nuestra Carme Chacón, que se cogió seis semanas de baja y no las 16 que le correspondían. Ambas se han dado tanta prisa en volver al curro que a su lado las demás féminas del mundo parecen mejores madres, pero peores trabajadoras. Ustedes dirán qué prefiere un jefe, se llame Nicolás, José Luis o Menganita (para su empresa, no para su hogar, se entiende). Me pregunto por qué las mujeres políticas nos hacen siempre tan flaco favor con sus elecciones tan masculinamente competitivas, y en cierto modo tan dóciles a un statu quo periclitado. Suyo también debería ser el reto de demostrarles a los hombres al mando que, aunque igualmente capaces, no somos como ellos, ni ganas; que nuestros tiempos y biologías nos marcan y no para mal.

Porque tal vez ellos no tienen muy clara nuestra diferencia ni nuestra esencia. Me acabo de acordar de una cosa verídica en su insensatez que me pasó en la tradicional cena con mis amigas del colegio estas Navidades. Se me acercó en un bar un tío de unos veinticinco, con un par de copas y un argumento tonto de que era gemelo de otro que andaba por allí. "¿Y sois univitelinos o bivitelinos?", le pregunté convencida de que le hacía un chiste de mellizos. "Un útero, dos úteros... qué más da", me respondió todo serio. "Médico no es", sentenció una de mis amigas, mientras las otras abundaban en trillizos, tres úteros, sextillizos, seis úteros, y en ese plan hasta que lograron ahuyentar al muchacho. En fin, que me ha venido a la cabeza la anécdota porque lo mismo Sarkozy se cree que la ministra Dati tiene una enorme raja dolorida y puntos frescos en su primer útero, pero que puede desempeñar brillantemente sus funciones con el otro.

 

Este artículo apareció en el diario de Mayorca, el 15 de enero de 2009. Es de PILAR GARCÉS

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